martes, enero 03, 2006

cuatrocientas mentiras 3


(De: Cuatrocientas Mentiras, Coedición BUAP-IPN, colección Letras Poblanas 1999)

Mentiras A Fuego Lento


I

Tu árbol genealógico es el Árbol del Fuego.

Te parió un volcán,

tu líquido amniótico fue lava;

así que en tus orígenes hirvió la eternidad.

En la temperatura de tu abrazo

está su herencia:

en tu ojos,

que todo lo queman.

II

Querida Señora María:

Usted ya sabe que sembré La Dicha en casa de Manuel; no sé muy bien si se va a dar.Es que ya llevaba mucho tiempo sin agua y tuve que quitarle las hojas de abajo que ya se habían marchitado; luego otra y otras hasta que quedó el puro varejón y un diminuto renuevo verde clarito que algo promete. Espero que no se chiquée. El aire de la ciudad no es muy bueno para esta planta acostumbrada a respirar aires más puros.

Manuel me preguntó si da flores La Dicha,

me conformo con que eche raíces.

III

No conozco mejor cielo para morar, que tus ojos.

Dulce Señor del Corazón Recién Nacido.

Me robaste del mundo y la luz que habitamos

es lo que permanece de la infancia de Dios.

Sobre nuestra cama gira Mercurio, delirante.

No conozco mejor tierra para morir que tus brazos.

En tus ojos morar, en tus brazos morir.

IV

Eres como una virgen

que se baña

donde sabe que pasan los cuatreros.

Todos los demonios que te habitan

tienen su rostro

en tu sonrisa.

Innoble

es lo que eres y lo que fui contigo.

No tenemos futuro

y sólo nos juntamos

cuando una esquirla del azar

centellea,

como flecha en el corazón del conejo

un día de caza.

V

En nuestras venas late el mercurio.

Somos dos pensamientos torturándose:

cuerpos conscientes de su origen de espejo.

En la pulida obsidiana de nuestro pecho abierto

clanes enteros escudriñan su rostro

y una procesión de hombres y mujeres

se detiene a morir frente a nosotros.

Nos dibujamos el uno al otro

y las líneas de nuestros cuerpos

bailan desnudas, o se toman del brazo

para entrar en la música,

como debiera entrar la gente en las iglesias.

VI

Miras con cada poro de piel,

tocas con las papilas el mundo.

En tu voz, se oye la de tu madre pariéndote.

Te hallé y le pedí a la fortuna me olvidara,

a Dios que no pusiera su dedo sobre mí.

Destruí mis máscaras.

Con la cara desabrigada

te vi pasar de largo.

VII

En el piso de abajo está el averno.

Hasta mi cuarto llega un olor de azufre y de sudores ácidos.

Lo habitan dos demonios que empezaron amándose

y ahora se odian a perpetuidad, de madrugada.

A veces los oigo rasguñar en mi puerta;

cuando consigan entrar yo estaré lejos

y sólo se tendrán el uno al otro

hasta enloquecer de hastío.

VIII

Para darle sabor a tus axilas,

Lucifer tomó unas gotas del mar de mi extravío.

Recortó las sombras de todos los cuerpos que soñé

y con agua del Lago de Ginebra a fuego lento destiló tu sombra.

Esperó a que mis sueños dieran fruto, para hacer con su jugo

la humedad de tu sexo.

Del resplandor de lo que amé obtuvo una luciérnaga

y la engarzó en la punta de tu lengua, como un diamante,

para que tú, devotamente y lleno de ternura,

pudieras desollarme.

IX

No olvido tu brazo derecho

y los dibujos del dolor sobre tu piel

como la trayectoria de la lluvia,

siempre cayendo.

Tu brazo

cuya forma y color testimonian

su origen de ala que ha volado

en altas horas del aire.

Tu brazo derecho en una frontera de ti,

tu brazo izquierdo en otra

y la línea sin línea en que se atacan:

espejo que se rompe adentro.

X

Con luz de tres naranjas valencianas,

alimenté al varón que se alojó en mi lecho.

En un balcón santificado por la luna,

abrí los brazos como abrí las piernas.

Una sandía le ofrecí de dulce entraña

y aceite fresco del mejor olivo.

No azoté con látigo su espalda,

ni estrujé contra su corazón mi zapatilla.

Entre retoños de quédate

y selvas de indolencia, me dijo :

No hay imperio posible en la ternura.

Ahora que soy una nada más intensa, comprendo :

un pecho sin corazón no duele menos.

XI

Estoy buscando la palabra exacta

que te ponga a mi alcance.

Quiero tener tu nombre entre mis dientes

para morderlo hasta sacarle sangre.

Quiero dolerte.

He levantado, llama a llama, en mi pecho,

un infierno digno de ti. Me ardes.

Sagrado Mío,

lo más equitativo que puedo hacer por ti

es olvidarte.

XII

De tanto crecer

rompen su cuerpo

y en noches de luna llena, por la playa,

caminan a espaldas de sí mismas.

Dicen que antes de que su piel

se transforme en armadura,

se las comen los hombres.

con Francisco M. Lovera.


Esa Que Soy Es Otra


I

No serás piedrecita de turquesa

pluma de quetzal

ni flor de río.

Eres lo que no tiene nombre,

lo que no tiene olor,

lo que no suena.

II

Bajo el mango

despojado del viento

por sus flores,

se escucha mi canción de boca rota.

Desde la ventana en que me ve tu madre

se pregunta:

¿Por qué nací de nuevo?

Para Doña Raquel

III

No tienes como yo, una cavidad.

Por eso no comprendes lo que siento.

A mí me sobra el vacío que a ti te falta.

IV

Esa que soy es otra, prófuga del espejo,

una isla acosada por la realidad.

¿Adónde me lleva mi sangre?

¿Hacia qué abismos, qué misterios?

Entre esa que me habita y yo,

ni una remota posibilidad de quietud.

Un átomo separando sus partes

esa soy.

V

Un verso se atora en mi garganta, negro y sin azúcar.

Soy la ternura sofocándose; sobre mi letargo, una plaga zumba,

revolotea, pone huevos y se multiplica. Trago saliva.

Pongo el espejo contra la pared, no me reconozco.

Adentro de mi cabeza los muebles están cubiertos con sábanas.

Trozos de hielo desnudo ponen carne de gallina a mi corazón.

A duras penas tapo mis vergüenzas con pequeños versos de torpes puntadas.

Tengo frío.

La oscuridad pregunta: ¿quién vive?

No contesto.

6 comentarios:

Tristán Estar dijo...

Diosa de la mentira

Diosa de la verdad que es tu mentira

Raquel Olvera dijo...

Tienes razón, la verdad es mi mentira.

Sr. Santana dijo...

sublime, que pas puedo decir, mi mente se ve esteril, no puede parir palabras, me encanto

Raquel Olvera dijo...

si tu mente puede concebir la palabra sublime, no puede estar estéril. Gracias Señor Santana.

Orfa dijo...

Raquel, no abandones tanto tu blog, queremos leerte :)

Raquel Olvera dijo...

Orfa, Ya volví, sigo en Arqueología del azar (http://raquelolvera.blogspot.com/) , aquí, nada más publico mis versos. Gracias por tus palabras, nos seguimos leyendo.